jueves, 26 de julio de 2018

Desventuras de una mesera

Trabajar ha sido de las cosas más difíciles que he hecho en mi corta vida. 
Durante estos dos meses he estado trabajando en un restaurante como mesera y, contrario a mis pensamientos iniciales, ha sido todo una odisea. Éste es mi primer trabajo pese a que ya (casi) tengo 19 años y nunca en la vida me imaginé que fuera tan pesado. 

Me gusta el trabajo, debo decir; me gusta ser mesera, atender gente y en ocasiones disfruto del caos que implica mi trabajo, pero llegar al punto de que me guste ha sido muy arduo. 
Verán, durante la secundaria aprendí que la gente es una mierda, pero en la prepa me olvidé de esta enseñanza y entendí que, en realidad, hay gente maravillosa y que vale la pena conocer. Esta última enseñanza, de que la gente es buena, la conservé en estos dos años de universidad donde llegué a conocer a personas excelentes y que me han enseñado grandes cosas. Al entrar al trabajo el pensamiento sostenido durante cuatro años se fue al vacío, dejándome de nuevo varada y sola, de nuevo pensando que las personas son pura mierda y no valen la pena. 

Ese fue el gran pero de mi trabajo. Desde que fui a la entrevista las personas de allí me miraron feo, pero decidí ignorarlo porque, de cualquier manera, eran solo miradas y, siendo honestos, no me iba a matar y ni me importó en aquél instante. Lo feo comenzó cuando entré a trabajar. Desconozco si era por mi torpeza que no les caía bien (porque sí, comencé siendo muy torpe) o por otra razón. 

El caso era que todos son groseros e hipócritas. En total, yo tenía 5 personas que estaban detrás de mí como si les hubiese hecho algo. Actualmente de esas cinco se redujo a tres, lo cual agradezco, pero sigue sintiéndose como mierda. 
En el trabajo no solo me llegaron a gritar, esparcir rumores sobre mí, ordenarme cosas que no tenían derecho a mandar, sino que llegaron a meterse con mi dinero. Sí, me llegaron a esconder (al final lo encontró un chico) mi sueldo de una semana y todo por el pleito que armó una chica de 16 años quien estaba enojada conmigo porque (según ella) había sido yo quien había revelado un secreto suyo y que, además, había dicho que eran mamonas. Lo primero no lo hice (no soy de ese tipo de personas y pese a que ella sí hizo algo así, yo no) pero lo segundo sí que lo había dicho y, si me preguntara de nuevo, lo sigo sosteniendo. 
Para mí una persona mamona es sinónimo de ser mala persona y, en vista de cómo me trataban y a las demás chicas nuevas, son malas personas. 

Después del incidente del dinero pensé seriamente en renunciar pero como me gustaba mucho el trabajo (el ambiente laboral no, pero sí el trabajo) me lo pensé seriamente y decidí pedirle al gerente cambio de sucursal. Hablé con él y le dije los motivos, incluso le conté el incidente del dinero, pero no hizo nada. Dijo que checaría el cambio de sucursal y al siguiente día dijo tan solo "no es posible cambiarte de sucursal, estamos atorados, pero intenta estar tranquila, vemos que hacemos y hablamos la siguiente semana". Sobra decir que esa "otra semana" no ha llegado. 

Me molesta que las personas puedan esconder dinero que no les pertenece y gritarle a las personas y, aún así, salir impunes. Me molesté en su momento y le comuniqué a una amiga del trabajo que iba a renunciar. Yo tenía ya todo listo para renunciar, había planeado mis palabras y mi discurso a aquellas malas personas pero,  de una manera u otra, terminé convencida de no renunciar. De repente quería aguantar y afrontarlo con valentía. Supongo que a una parte de mí le gustaba pensar que era capaz de afrontar cualquier cosa. 
Esto fue gracias a "Skam", una serie cuya protagonista estaba pasando por un momento similar al mío, donde todo su colegio la odiaba por ser infiel. Isak, su amigo, le dice que debe afrontarlo, ser valiente y no huir cual cobarde. Lo siento, pero me apropié de sus palabras y tuve la firme determinación de no renunciar. Síp, así es como me afano a las cosas tóxicas de mi vida. 

Conservé el trabajo y, pese a que el ambiente ya era malo en sí, aprendí muchas cosas. La más importante: 
"Everyone you met is figthting a battle you know nothing about. Be kind. Always". 

Aprendí la lección de la amabilidad y eso es algo que intento conservar a lado mío, aunque muchas veces no sea así. Lo intento y cada vez me esfuerzo más porque sé cómo es que hagas sentír a las demás personas como mierda. 

Aprendí el valor del dinero también. Yo me metí a trabajar porque mi madre dijo que, si iba a trabajar, sería para pagar mi inscripción. Fui con la idea de juntar $3920 (mexicanos) para la inscripción y, cuando junté la cantidad total, comprendí no solo el valor del dinero, sino también del trabajo duro. Ser mesera no es fácil; es estar al pendiente de todas tus mesas, ser amable y llevar todo lo que se necesite; es estar empinada porque al tiempo que una te ordena, otra ya está pidiendo cinco cosas más. 
Por fin, a mis 18 años, comprendí lo que es trabajar y esforzarte para ganar dinero. Tu propio dinero. No puedo describir lo que siento cuando pago mis propias cosas y transporte con el dinero de mis propinas (porque en sí mi sueldo es casi nada, mi sueldo básicamente son las propinas).

Oh, y aprendí que todo es muy caro. Comprar ropa es caro desgraciadamente U.U

Pero sí. Este trabajo ha sido muy arduo -por la gente- pero creo que he aprendido cosas que no hubiera aprendido de esta manera. Ya he pagado mi inscripción pero planeo seguir trabajando y pagar los libros que necesite en el semestre. Desconozco si seré capaz de trabajar y estudiar al mismo tiempo, pero confío en que, si ya pasé la peor parte, puedo superar esto. Necesito tener confianza en mí misma y sé que todo será posible. 


2 comentarios:

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